domingo 1 de noviembre de 2009
Animación con arena
Kseniya Simonova, ganadora del Ukraine's Got Talent por animación con arena. Genial.
miércoles 26 de agosto de 2009
Llegaremos a tiempo
Vagando por ahi encontré este videoclip hermoso de Rosana, con una letra que me llegó hasta los huesos. "Niños o adultos nacemos, no nos hacemos..." dijo el tano Cesare Pavese alguna vez, encerrando en esta frase mucho más de lo que asoma a simple vista.
Si te anclaran las alas, en el muelle del viento
Yo te espero un segundo en la orilla del tiempo
Llegarás cuando vayas más allá del intento
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo
Si te abrazan las paredes desabrocha el corazón
No permitas que te anuden la respiración
No te quedes aguardando a que pinte la ocasión
Que la vida son dos trazos y un borrón.
Tengo miedo que se rompa la esperanza
Que la libertad se quede sin alas
Tengo miedo que haya un día sin mañana
Tengo miedo de que el miedo, te eche un pulso y pueda más
No te rindas no te sientes a esperar.
Si robaran el mapa del país de los sueños
Siempre queda el camino que te late por dentro
Si te caes te levantas, si te arrimas te espero
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.
Mejor lento que parado, desabrocha el corazón
No permitas que te anuden la imaginación
No te quedes aguardando a que pinte la ocasión
Que la vida son dos trazos y un borrón.
Tengo miedo que se rompa la esperanza
Que la libertad se quede sin alas
Tengo miedo que haya un día sin mañana
Tengo miedo de que el miedo te eche un pulso y pueda más
No te rindas no te sientes a esperar.
Sólo pueden contigo, si te acabas rindiendo
Si disparan por fuera y te matan por dentro
Llegarás cuando vayas, más allá del intento
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.
Sólo pueden contigo, si te acabas rindiendo
Si disparan por fuera y te matan por dentro
Llegarás cuando vayas, más allá del intento
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.
www.elcuru82.blogspot.com
Mi regalo a todos los Niños Eternos, para que cuando venga Peter Pan nos siga encontrando, por pocos que seamos.
Si te arrancan al niño, que llevamos por dentro,
Si te quitan la teta y te cambian de cuento
No te tragues la pena, porque no estamos muertos
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.
Si te quitan la teta y te cambian de cuento
No te tragues la pena, porque no estamos muertos
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.
Yo te espero un segundo en la orilla del tiempo
Llegarás cuando vayas más allá del intento
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo
Si te abrazan las paredes desabrocha el corazón
No permitas que te anuden la respiración
No te quedes aguardando a que pinte la ocasión
Que la vida son dos trazos y un borrón.
Tengo miedo que se rompa la esperanza
Que la libertad se quede sin alas
Tengo miedo que haya un día sin mañana
Tengo miedo de que el miedo, te eche un pulso y pueda más
No te rindas no te sientes a esperar.
Si robaran el mapa del país de los sueños
Siempre queda el camino que te late por dentro
Si te caes te levantas, si te arrimas te espero
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.
Mejor lento que parado, desabrocha el corazón
No permitas que te anuden la imaginación
No te quedes aguardando a que pinte la ocasión
Que la vida son dos trazos y un borrón.
Tengo miedo que se rompa la esperanza
Que la libertad se quede sin alas
Tengo miedo que haya un día sin mañana
Tengo miedo de que el miedo te eche un pulso y pueda más
No te rindas no te sientes a esperar.
Sólo pueden contigo, si te acabas rindiendo
Si disparan por fuera y te matan por dentro
Llegarás cuando vayas, más allá del intento
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.
Sólo pueden contigo, si te acabas rindiendo
Si disparan por fuera y te matan por dentro
Llegarás cuando vayas, más allá del intento
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.
www.elcuru82.blogspot.com
jueves 20 de agosto de 2009
Pequeñas historias de gente comun: Las indeseables consecuencias del oscuro
Una noche de amigos, entre anécdotas imposibles y algunos vasos de cerveza, salió esta historia que me pareció justa para continuar la serie de Pequeñas historias de gente común. La contó el Plumbo, asi que a él va dedicada.
Las indeseables consecuencias del oscuro
Retumba en la oscuridad de la noche el crujido de una rama seca, y un agitar de alas desaparece al poco tiempo de nacer.
El sol, responsable y puntual, aparece al rato presentando el día nuevo y despertando el mundo. Doña Juana, más puntual que el sol, despereza los huesos crujientes. Unos mates, y la rutina exige recoger los huevos del gallinero. Las ponedoras, inmutables, la observan pasar. Escuchan atentas su saludo temprano, aunque poco entiendan y les interese. Consumada la colecta, Doña Juana se dispone a cerrar la improvisada puerta de tejido y alambres, al momento que nota una ausencia. Recorre nuevamente con la vista el predio y lo confirma. Extrañada y con tintes de sospecha vuelve a su hogar, ya retrasada en su agenda.
El recorrido vespertino de compras al almacén de ramos generales la encuentra con sus tertulianas, y sin rodeos las pone al tanto de su pérdida. El comisario del pueblo que oportunamente se encontraba en el lugar solicitando al despachante una austera colaboración de carne vacuna para el cuerpo policial, guiado por su instinto detectivesco y su regionalmente reconocida agudeza auditiva, se acerca a Doña Juana y ésta, complaciente, repite la historia, Me han robao comisario. Astuto en su accionar, el representante local de la ley y el orden le sugiere esperar que el hecho se repita. Llegado el caso –dice- a la tercera lo esperamos agazapados en el gallinero y lo agarramos.
Erudito en el accionar de maleantes rurales, su instinto no falló. La noche se cobró otra víctima.
Sin perder un minuto, organizó el operativo para atrapar al ratero. Apenas entrada la noche de ese tercer día, el cuerpo de operaciones se presentó a la casa de Doña Juana. Previos mates y pan con dulce de leche, los sagaces policías se ocultaron sigilosamente tras los fardos que rodeaban el gallinero. Pasadas unas horas, el crujir de una rama los despertó del letargo. Era el momento. El ladrón, que había gozado de una impunidad absoluta durante dos días, estaba atrapado. El ahogado grito de ayuda de una gallina sirvió de señal para el comienzo del operativo. Encandilando al sospechoso con sus linternas, y tras el temido grito de ¡alto!, evitaron otra muerte segura. Con la mano derecha rodeando el cogote de la gallina, y un miedo que podía olerse en el ambiente –según posteriores comentarios del comisario-, el hábil malviviente se expresó en un desesperado intento por confundir a la justicia, Estoy completamente perdido, dijo poniendo cara de sorpresa, ¡qué quiere con esta oscuridá!, y soltó al animal.
www.elcuru82.blogspot.com
Las indeseables consecuencias del oscuro
Retumba en la oscuridad de la noche el crujido de una rama seca, y un agitar de alas desaparece al poco tiempo de nacer.
El sol, responsable y puntual, aparece al rato presentando el día nuevo y despertando el mundo. Doña Juana, más puntual que el sol, despereza los huesos crujientes. Unos mates, y la rutina exige recoger los huevos del gallinero. Las ponedoras, inmutables, la observan pasar. Escuchan atentas su saludo temprano, aunque poco entiendan y les interese. Consumada la colecta, Doña Juana se dispone a cerrar la improvisada puerta de tejido y alambres, al momento que nota una ausencia. Recorre nuevamente con la vista el predio y lo confirma. Extrañada y con tintes de sospecha vuelve a su hogar, ya retrasada en su agenda.
El recorrido vespertino de compras al almacén de ramos generales la encuentra con sus tertulianas, y sin rodeos las pone al tanto de su pérdida. El comisario del pueblo que oportunamente se encontraba en el lugar solicitando al despachante una austera colaboración de carne vacuna para el cuerpo policial, guiado por su instinto detectivesco y su regionalmente reconocida agudeza auditiva, se acerca a Doña Juana y ésta, complaciente, repite la historia, Me han robao comisario. Astuto en su accionar, el representante local de la ley y el orden le sugiere esperar que el hecho se repita. Llegado el caso –dice- a la tercera lo esperamos agazapados en el gallinero y lo agarramos.
Erudito en el accionar de maleantes rurales, su instinto no falló. La noche se cobró otra víctima.
Sin perder un minuto, organizó el operativo para atrapar al ratero. Apenas entrada la noche de ese tercer día, el cuerpo de operaciones se presentó a la casa de Doña Juana. Previos mates y pan con dulce de leche, los sagaces policías se ocultaron sigilosamente tras los fardos que rodeaban el gallinero. Pasadas unas horas, el crujir de una rama los despertó del letargo. Era el momento. El ladrón, que había gozado de una impunidad absoluta durante dos días, estaba atrapado. El ahogado grito de ayuda de una gallina sirvió de señal para el comienzo del operativo. Encandilando al sospechoso con sus linternas, y tras el temido grito de ¡alto!, evitaron otra muerte segura. Con la mano derecha rodeando el cogote de la gallina, y un miedo que podía olerse en el ambiente –según posteriores comentarios del comisario-, el hábil malviviente se expresó en un desesperado intento por confundir a la justicia, Estoy completamente perdido, dijo poniendo cara de sorpresa, ¡qué quiere con esta oscuridá!, y soltó al animal.
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jueves 6 de agosto de 2009
Sueño de dos
La noche anterior cuando el refugio de la frazada lo cubrió, no imaginó que la mañana fría lo recibiría enamorado. Alguna curva mal tomada en algún sueño mal señalizado lo dejó solo en medio de una multitud que, a paso tranquilo, se movía en dirección opuesta.
Ella, tímida, sonrió y lo saludó. Él, apurado y nervioso, enhebró a duras penas algunas palabras. Sabe que hubo una breve charla que no recuerda. Sabe también que ninguno imaginaba al mundo desaparecer cuando sus ojos se encontraran. Entonces sus bocas no tuvieron más que decir, porque sus almas tomaron la palabra. Un silencio precedió al beso, y el beso al amor.
Pero la mañana evaporó el sueño, y la misma ciudad de ayer, sobreviviendo a otra noche, despertó a un nuevo día. Desayunar, caminar a la esquina, subir al colectivo, llegar al trabajo y vender horas de vida en brega de sobrevivir enriqueciendo mejores gentes. Salir del trabajo para volver a casa con pena y sin gloria, y esperar al fin el abrazo del cansancio para flotar a la cama y enamorarse otra vez.
Pero ese día no volvió a casa a la hora de siempre, ni a ninguna otra.
El final de una clase tardía en la facultad que lo miraba pasar cansado cada puesta de sol, lanzó a la calle algunas decenas de prometedores futuros. Y de repente se vio inmerso en una multitud que, a paso lento, se movía en dirección contraria.
Ella, tímida, sonrió y lo saludó. Él, sorprendido y nervioso, articuló algo que asemejaba un saludo. Entonces sus miradas se encontraron y sacudieron el suelo. Por deja vú encontró la frase perdida la noche anterior. “¿Vos también lo soñaste?”, le dijo; y un silencio precedió al beso del resto de sus vidas.
Ella, tímida, sonrió y lo saludó. Él, apurado y nervioso, enhebró a duras penas algunas palabras. Sabe que hubo una breve charla que no recuerda. Sabe también que ninguno imaginaba al mundo desaparecer cuando sus ojos se encontraran. Entonces sus bocas no tuvieron más que decir, porque sus almas tomaron la palabra. Un silencio precedió al beso, y el beso al amor.
Pero la mañana evaporó el sueño, y la misma ciudad de ayer, sobreviviendo a otra noche, despertó a un nuevo día. Desayunar, caminar a la esquina, subir al colectivo, llegar al trabajo y vender horas de vida en brega de sobrevivir enriqueciendo mejores gentes. Salir del trabajo para volver a casa con pena y sin gloria, y esperar al fin el abrazo del cansancio para flotar a la cama y enamorarse otra vez.
Pero ese día no volvió a casa a la hora de siempre, ni a ninguna otra.
El final de una clase tardía en la facultad que lo miraba pasar cansado cada puesta de sol, lanzó a la calle algunas decenas de prometedores futuros. Y de repente se vio inmerso en una multitud que, a paso lento, se movía en dirección contraria.
Ella, tímida, sonrió y lo saludó. Él, sorprendido y nervioso, articuló algo que asemejaba un saludo. Entonces sus miradas se encontraron y sacudieron el suelo. Por deja vú encontró la frase perdida la noche anterior. “¿Vos también lo soñaste?”, le dijo; y un silencio precedió al beso del resto de sus vidas.
jueves 23 de julio de 2009
Las Malas Palabras
En 2007 se celebró el Congreso de la Lengua Española en Rosario, y nuestro Negro Fontanarrosa fue uno de los invitados. Pero no uno mas, sino quien hizo valer su localía, y se robó los aplausos y comentarios de todo el mundo con una simple charla algunos minutos. El mejor ejemplo de cuando el ingenio -traducido en genialidad en este caso- supera al más entrenado intelecto. Imperdible.
Pesar de ausencias (respuesta)
Esto lo escribió Susana Bruno en relación al texto "Pesar de ausencias", y me pareció muy bonito para compartirlo. A quien no la conozca, ella formó parte de esa reunión.
EL UNIVERSO SE VALE DE AGENTES, QUE TRANSMITEN LO VERDADERAMENTE BUENO Y ESENCIAL PARA CADA UNO DE NOSOTROS INTEGRANTES DE UN TODO, PERO QUE CON TANTA COSA INSIGNIFICANTE NOS DISTRAEMOS Y PERDEMOS. ENTONCES LLEGAN ESOS AGENTES Y TE DAN UN SACUDON, DE LA MANERA MAS INSOLITA.
EL UNIVERSO SE VALE DE AGENTES, QUE TRANSMITEN LO VERDADERAMENTE BUENO Y ESENCIAL PARA CADA UNO DE NOSOTROS INTEGRANTES DE UN TODO, PERO QUE CON TANTA COSA INSIGNIFICANTE NOS DISTRAEMOS Y PERDEMOS. ENTONCES LLEGAN ESOS AGENTES Y TE DAN UN SACUDON, DE LA MANERA MAS INSOLITA.
miércoles 22 de julio de 2009
Pesar de ausencias
Los nostálgicos de cuatro o cinco décadas prefieren el correo postal y el teléfono. Pero algunos sucumben –cada vez son más- a la tentación de Internet y su solución mágica a muchos problemas de la vida. Se hipnotizan con la luz fría y guardan en cofrecitos de gratos recuerdos los mates en la vereda, con el sol lamiendo los rostros. Es de público conocimiento el mayor fraude de la historia, donde hábiles Dioses intercambiaran espejitos de colores a valor de oro. Pero mirándolo un poco de lejos, un poco de adentro, tiene importancia de piojo a la par de esta moderna versión de lucesitas que compramos hoy día al exorbitante precio de la soledad.
Esto no oficia de verdad absoluta ni mucho menos. Son pocas, pero de a miles las excepciones que confirman la regla. Y de alguna que otra uno se entera.Aún existe en algún lugar de Buenos Aires una escuela primaria que, treinta años atrás, entregaba al país su manufactura de instruidas personitas ansiosas por conocer un mundo que, a la mayoría, dejaría de gustarle algún tiempo después. Y así la secundaria, los rumbos, los ideales, la distancia, la vida, o treinta años para hablar con propiedad, los separaron.
Pero para confirmar una regla que nunca debió ser escrita, algunos actores de aquella dulce lejana infancia, quizá borrachos de una nostalgia que ya se les salía por el alma, quizá buscando el lugar en el mundo que más anhelan, se fueron encontrando por este medio que tanta alma desencuentra. Un hogar de familia ofició de burbuja y el tiempo se detuvo aquella noche cálida. Siguiendo costumbres de adultos, las mujeres aseguraron la comida, los hombres la bebida, y cada uno sin distinción de géneros, los recuerdos guardados en fotos y soñados en sueños. Llegaban a cuentagotas niños de cuarenta con sus tripas retorcidas de ansiedad, con menos pelos, con más kilos, cargando corazones locos de ganas por escupir el primer llanto. Ni el macho más macho resistió a la tentación del abrazo y la calidez de las lágrimas. Pero solo de esta forma podían expresarse, sin conocer ninguno la traducción al castellano de tamaño sentimiento que a duras penas entraba en el pecho. Hasta que alguien entró y en pocas palabras solucionó el asunto: Los extrañé toda la vida, dijo, y se dispuso a compartir, como bien aprendió en la escuela.
Esto no oficia de verdad absoluta ni mucho menos. Son pocas, pero de a miles las excepciones que confirman la regla. Y de alguna que otra uno se entera.Aún existe en algún lugar de Buenos Aires una escuela primaria que, treinta años atrás, entregaba al país su manufactura de instruidas personitas ansiosas por conocer un mundo que, a la mayoría, dejaría de gustarle algún tiempo después. Y así la secundaria, los rumbos, los ideales, la distancia, la vida, o treinta años para hablar con propiedad, los separaron.
Pero para confirmar una regla que nunca debió ser escrita, algunos actores de aquella dulce lejana infancia, quizá borrachos de una nostalgia que ya se les salía por el alma, quizá buscando el lugar en el mundo que más anhelan, se fueron encontrando por este medio que tanta alma desencuentra. Un hogar de familia ofició de burbuja y el tiempo se detuvo aquella noche cálida. Siguiendo costumbres de adultos, las mujeres aseguraron la comida, los hombres la bebida, y cada uno sin distinción de géneros, los recuerdos guardados en fotos y soñados en sueños. Llegaban a cuentagotas niños de cuarenta con sus tripas retorcidas de ansiedad, con menos pelos, con más kilos, cargando corazones locos de ganas por escupir el primer llanto. Ni el macho más macho resistió a la tentación del abrazo y la calidez de las lágrimas. Pero solo de esta forma podían expresarse, sin conocer ninguno la traducción al castellano de tamaño sentimiento que a duras penas entraba en el pecho. Hasta que alguien entró y en pocas palabras solucionó el asunto: Los extrañé toda la vida, dijo, y se dispuso a compartir, como bien aprendió en la escuela.
miércoles 24 de junio de 2009
Encontrar
Ya no sobran como antes las ganas de abrazarse.
Algunas decepciones matizadas de desamores, en envase de molestas goteras o arrasadores huracanes, fueron curtiendo los corazones. Y tan resistentes los volvió como impenetrables. Por lo menos a los que sobrevivieron. Los que no, llenan el mundo y caminan vivos, pero sueñan muertos. Y el poquito que resta, seres de luz propia y contagiosa, tratan de encontrarse entre la manada.
Pero tan jodido es el bicho humano, que aún encontrándose, no se ven.
Algunas decepciones matizadas de desamores, en envase de molestas goteras o arrasadores huracanes, fueron curtiendo los corazones. Y tan resistentes los volvió como impenetrables. Por lo menos a los que sobrevivieron. Los que no, llenan el mundo y caminan vivos, pero sueñan muertos. Y el poquito que resta, seres de luz propia y contagiosa, tratan de encontrarse entre la manada.
Pero tan jodido es el bicho humano, que aún encontrándose, no se ven.
jueves 25 de diciembre de 2008
Un visionario
"Los video juegos no tienen ninguna influencia sobre los niños. Quiero decir, si el Pac-Man hubiese influenciado a nuestra generación, estaríamos todos corriendo en salas oscuras, masticando píldoras mágicas y escuchando músicas electrónicas repetitivas"
-Kristian Wilson, Nintendo Inc., 1989.
-Kristian Wilson, Nintendo Inc., 1989.
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